Las sociedades viven transformaciones y ciclos que responden a los cambios en sus estilos de vida y en la percepción del mundo, pero también del desarrollo de las habilidades sociales o valores sociales se gestan por consecuencia de la historia. Todo este entramado genera demandas comunes y visiones muy diversas del mundo y su estructura, por tanto son y serán cambios que necesariamente se confrontan entre generaciones, hablo de la juvenil, adulta y adulta mayor. Es así como me permito analizar unas cuantas líneas respecto de lo que hoy se presenta en las manifestaciones sociales que vemos en los medios de comunicación y redes sociales.
La confianza es un bien escaso por estos días, los jóvenes la reclaman tal como lo hacen con la inversión del estado en la educación, esa confianza pareciera perderse en todo ámbito. Las políticas ambientales son escasas en los ojos de esta generación, y necesario reformularlas para un equilibrado vivir en la tierra que estamos. Así, con todo esto, la credibilidad de las instituciones públicas y empresariales se pierde gradualmente, provocando la baja participación electoral que vivimos hoy, y a la vez genera aquella gran desaprobación del gobierno y oposición.
Hemos escuchado sobre la modernización del estado, de ampliar la democracia e incluir a la sociedad en la toma de decisiones, aquellas que por sobre todo tienen impacto público, como lo es la educación, la salud, el trabajo, el medioambiente, etc. Descentralizar el poder no es sólo sinónimo de abarcar mayor territorio, más bien es entregar espacios para el mejor desenvolvimiento de la política en su actuar social.
Hoy es necesario fortalecer el vínculo de las instituciones de educación superior con el estado, hay una generación que su población es mayormente ilustrada, estas deben mirar hacia el desarrollo, generar estudios y crítica a las propuestas emanadas desde el sector político, empresarial, y desde el mismo educacional, así el desarrollo de Chile irá acompañado del desarrollo regional y local, fortaleciéndose gracias a esta participación.
Las organizaciones no gubernamentales (ONG), empresas, gobierno, y sociedad en general se relacionan por medio de la generación de políticas públicas efectivas, de leyes representativas, y de alto impacto a ese plan de desarrollo, por tanto la participación en cada una de ellas es fundamental, y al mismo tiempo no participar de ellas es una opción personal, pues no existe la representación total de la población.
Así el sistema de orientación social responde a la capacidad de los humanos y sus grupos a generar opiniones y críticas a lo que consideramos injusto, poco democrático, algo difuso, hasta lo extremista. Algunos podrán decir todos tenemos aquella capacidad, otros que no es necesario que todos la tengan, yo opto por un equilibrio, pues es una característica que se desarrolla a lo largo de la experiencia, y de las necesidades sociales que se gestan a partir del contexto en que se vive.
La orientación social de por sí es parte de ese factor gregario y político de la especie, y evoluciona al punto de generar la revolución y crítica que hoy vivimos, es decir, la generación actual, tal como las anteriores, desarrolla la orientación social previo al encauce del conocimiento, siendo un patrón que se ha desarrollado a lo largo de la historia, podemos ver que hace unas décadas el hipismo planteaba concepciones tales como las actuales, logrando un impacto tal como hoy.
Pero un alcance es necesario, las tecnologías de la información hoy nos permiten mayor conexión y agilidad de organización en las causas comunes, las redes sociales tienen predominancia al traspasar por medio de artículos, notas, eventos, videos y hasta canciones las intenciones de esa orientación social que se desarrolla.
Los desafíos son cada vez más grandes, la igualdad de derechos, las buenas prácticas políticas, y la credibilidad hoy son urgentes de reparar. Ese fin une y moviliza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario